lunes, 31 de marzo de 2014

COLEMAN HAWKINS – Desafinado (1962) / Un exquisito bocado de bossanova y jazz

En 1962 Coleman Hawkins ya lo había hecho prácticamente todo en el mundo del jazz. Catalogado como uno de los mejores saxos tenores de todos los tiempos, Hawkins había sido uno de los saxofonistas más reputados de la edad dorada del swing, y uno de los pocos genios de aquella época que supo evolucionar con éxito al frenético bebop, y continuar grabando regularmente en los años  50 y 60 con jazzmen de la talla de  John Coltrane, Duke Ellinngton y Sonny Rollins. Y aún así, o quizás por eso, no dudó en abrazar a comienzos de los 60, esa nueva tendencia que conjugaba con suma elengancia y sensualidad la bossanova y el jazz más cool, y realizar justo en el epicentro de aquella explosión, en pleno 1962, este fantástico disco titulado Desafinado.

Un disco que saldría meses después de aquel delicioso Jazz samba de Stan Getz y Charlie Byrd, que abriría la veda a la incursión de los jazzmen americanos en la bossanova, y con el que  difiere en su ritmo y cadencia, a pesar de compartir algunos clásicos como Desafinado, One note samba y O pato. Su ritmo es algo más sosegado, aunque su sonido y arreglos son más descarnados, gracias a la cálida gravedad del saxo de Hawkins, que en ocasiones coquetea con el groove, y a ese pegajoso ritmo latino que le dan la percusión de Willie Rodriguez y las claves de Tommy Flanagan. Y todo ello, sin olvidarnos de ese peculiar par de guitarras de Barry Galbraith y Howard Collins, que parecen modelar a su antojo esas envolventes melodías y el sinuoso ritmo de unos temas  delisiosamente matizados por el saxo de Hawkins.


Algo que convierte a Desafinado en un disco suave y envolvente, de preciosas melodías, donde la bossanova resplandece con una rotunda elegancia, hasta en las sorprendentes y deliciosas adaptaciones, que en clave de bossa, Hawkins hace de los clásicos I'm Looking Over a Four Leaf Clover, original de 1927, y I remenber you, fechado en 1941. Dos temas, que sin duda,  parecen producidos en algún tugurio cercano a la emblemática playa de Ipanema. Comentario  que también podríamos aplicar a las sinuosas y sensuales Samba bean, escrita por el saxofonista y arreglista del disco, Manny Albamn, y Stumpy Bossa Nova escrita por Hawkins para este disco. Temas, todos ellos, imbuidos por ese especial áurea que tiene la bossanova, y que dan el contrapunto ideal a un equilibrado reportorio, que se completa con temas de auténtico origen carioca como los ya citados Desafinado y One note samba, de Jobim, Un Abraco No Bonfa de Joao Gilberto y O pato de Jayme Silva y Neuza Teixeira.
Un disco adictivo y embaucaudor, sensual y nostálgico, publicado por el sello Impulse en 1962, indispensable para todo aquel que quiera acercarse a estos sonidos, y caracterizado por una poderosa conjunción de jazz y bossa, algo más intensa y primitiva, que la que surge de los otros grandes clásicos que por aquella época nos dejaron Stan Getz, Cannonball Adderley, HerbieMann y Quincy Jones. Un matiz, que sin embargo no oculta esa melancólica y característica “saudade”, que sigue ahí, presente en cada uno de los surcos del disco.

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