miércoles, 8 de octubre de 2014

ROCKSTEADY ANTHEMS - Baba Boom Time, Trasure Isle (1966-1968)

Baba Boom Time es una deliciosa compilación de sinuoso y envolvente rocksteady jamaicano. O lo que es lo mismo, un jugoso ramillete de pegajosos y adictivos temas de ritmos sincopados, y perezosa apariencia, aderezados por unas primorosas armonías vocales, en los que parecen confluir muy bien el contagioso ska, aunque algo desacelerado, con el soul vocal más elegante y embriagador. Un cautivador cóctel musical denominado rocksteady que floreció en Jamaica, tras la irrupción del impetuosos e infeccioso ska, entre los años 1966 y 1968, y que supuso el paso intermedio de la transición del ska hacia el reggae. Un período que muchos críticos musicales catalogan como el más influyente de la música jamaicana y cuya eclosión se produjo alrededor de pequeños sellos independientes locales como Studio One y Treasure Isle, comandados respectivamente por talentosos productores como Clement “Coxsone” Dodd y Duke Reid.

Y son precisamente las producciones de Duke Reid para Treasure Isle las protagonistas de este maravilloso Baba Boom Time, compilado con mucho esmero por John Reed para el sello británico Sequel en el año 2000. Algo que podría llevarnos a pensar que estamos ante una visión algo sesgada de lo que fue el rocksteady. Pero cuidado, porque no es así, ya que este fantástico disco contiene una cuidada, amplia y gozosa colección de singles, que atesoran todo el encanto y la frecura del rocksteady, y nos permitirán descubrir y apreciar todo su talento rítmico y vocal, además del trasfondo soul, que supuraban la mayoría de sus protagonistas. Grupos como The Paragons, The Techniques, The Melodians, The Jamaicans, The Conquerors, Alton Elllis & The Flames, The three Tops, Tommy McCook & the Supersonics, que junto a solistas como Freddie McKay, Dobby Dobson o la mismísima Phyllis Dillon, conocida por aquellos días como la reina del rocksteady, fueron parte imprescindible de aquella eclosión.

Una erupción sonora que evolucionó los registros del ska y la música jamaicana, haciéndola si cabe, más cálida, melódica y envolvente, o más suave, sexy y “cool” que diría Robin Cambell de UB40. Algo que se palpa en esta exquisita compilación que incluye muchos de mis temas favoritos del género. Ahí está la irresistible The Tide is High de The Paragons con su perezosa cadencia y su envolvente violín, la deliciosa Don't Touch Me Tomato en la que Phyllis Dillon demuestra toda su elegancia vocal, la sinuosas You Have Caught Me de The Melodians y My Girl de The Techniques, dos skas desacelerados y arropados por una portentosas armonías vocales muy del estilo de los Impressions. De nuevo The Paragons, demostrando sus excelencias vocales cercanas al doo wop en las adictivas My best girl y On the beach. The Conquerors con la seductora Lonely Street, de voces desgarradas y juguetón órgano. The Jamaicans con su vacilona Baba Boom. Alton Ellis & The Flames con su pegajoso How Can I. Y todo elllo sin olvidarnos de la parte instrumental del disco, que la hay, protagonizada por Tommy McCook & The Supersonics, un grupo donde trompetas, saxo y trombón tienen un papel principal, tal y como se aprecia en temas como What The World Needs Now Is Love, Inez o Starry Out. Y así podríamos seguir recorriendo los 26 temas de este estupendo disco, que constituye una perfecta inmersión en uno de los períodos más influyentes de la música jamaicana, el protagonizado por el Rocksteady. No dejes de saborearlo.

Aquí os dejo una exquisita mezcla de ska y rocksteady con algunos de los temas incluidos en Baba Boom. Espero que la disfrutéis.

domingo, 28 de septiembre de 2014

MERRYMOUTH – Wenlock Hill (2104) / Folk de múltiples texturas

No sé, quizás fuera la frescura campestre de Without You, con su ascendente ritmo trotón, sus perfectas armonías vocales, su envolvente órgano y esos incisivos fraseos de armónica, la que me hizo detenerme y sumergirme en este fantástico disco de tintes “folkies” y atmósferas otoñales. Porque sin duda, Wenlock Hill de Merrymouth sorprende por su riqueza melódica, su amplitud sonora y su variedad musical, a pesar de su marcada orientación folk.

Y muy probablemente gran parte de su encanto radique ahí, en esas múltiples texturas de tonos acústicos que dan forma a sus crepusculares viñetas, sazonadas por ramalazos vodevilescos, y alguna que otra pincelada psicodélica, que aunque pervierten en cierto modo su pureza folk, enriquecen enormemente el sonido de este disco de sabor añejo, ya de por sí, rico en matices, y en el que nos encontraremos la perfecta confluencia de múltiples instrumentos: guitarras, bajo, piano, hammond, acordeón, violines, cellos, trombones, y trompetas. Un enorme bagaje musical que se disfruta sin fisuras, de principio a fin, gracias a unas composiciones impecables, que conforman un conjunto de emotivas canciones, repletas de certeras melodías, tocadas con la elegancia e instensidad necesarias, e interpretadas por Simon Fowler con su habitual destreza vocal.


Wenlock Hill, abre el disco. Un medio tiempo  setentero, de esos cuyo ritmo sube y baja, y que comienza con la meláncolica voz de Fowler, arropando unos acordes de guitarra que pronto se verán sumergidos por un intenso manto de piano y violines, con pinceladas de hammond, que dan forma a su emotiva melodía. Una excelente apertura que da paso, a ese vacilón Salt Breeze, un saltarín tema folky de aires vodevilescos, muy al estilo de lo que hacía Ronnie Lane con sus Slim Chance a mediados de los 70, y donde brillan el violín de John McCusker, y el piano de Adam Barry.

Un sabor que volveremos a degustar en la exquisita Teashop Serenade, con su perezoso ritmo de music hall, y su deliciosa melodía, definida por esa vibrante confluencia de trompetas, trombones y clarinetes. Una pequeña maravilla, cercana a los Kinks más campestres, que es uno de nuestros temas favoritos del disco, junto a la deslumbrante Without you, con la que abríamos este artículo, y la no menos brillante If You Follow, dos vibrantes y adictivas piezas de folk, envueltas por un atractivo manto de violines, acordeones y hammond, simplemente irresistibles.


Un tono folk que volveremos a apreciar en Duchess, una curiosa y personal adaptación del tema de The Stranglers, y en dos de las baladas más emocionantes del disco The Ragged Spiral y Blink of an eye, ambas con una estructura similar, modeladas alrededor de unos bellos acordes de piano y chelo, fórmula que nuestros protagonistas de hoy, Merrymouth, utilizan para adaptar la tradicional He Was a Friend of Mine, con un resultado embriagador. Algo que a mi parecer no consiguen con la versión del clásico de los Stone Roses, I am the resurrection.

Y para acabar, no podíamos olvidarnos de otra de nuestras preferencias, ese inquietante That Man, un bello medio tiempo de aires psicodélicos, y ritmo sincopado, de nuevo moldeado alrededor de los acordes de piano y chelo, pero satinado esta vez por vientos y sitar, y donde parecen converger ineludibles influencias de los Beatles y los Kinks.

Un excitante disco, publicado en este 2014, por el sello Navigator Records, que constituye la segunda entrega de Merrymouth, trío formado por Dan Sealey (guitarra/coros), Adam Barry (piano/hammond/coros) y Simon Fowler, compositor, intérprete y alma mater de esta interesante banda paralela a Ocean Colour Scene, donde Fowler da rienda suelta a su vertiente más folk, esa que ya habíamos atisbado en algunos temas y caras b de Ocean Colour Scene, y que aquí toma una relevancia especial. Un trío enriquecido para la ocasión con John McCusker en el violín, habitual colaborador del trío, Catherine Harper en el chelo, Chas Hodges al piano, Andy Derrick con el trombón, Hugh Thomas con el clarinete, Anthony Jones a la trompeta y Nick Lyndon al bajo. Una banda que sin duda aporta al disco esas múltiples texturas de las que hablábamos al principio, y que tanto enriquecen su sonido.

jueves, 18 de septiembre de 2014

TOCO – Memoria (2014) / Un delicado tratado de bossa

Ya con los primeros acordes de la maravillosa Minas uno empieza a sumergirse en esa cálida y sensual atmósfera que siempre ha caracterizado a la bossanova, a degustar sus finos acordes, sus elegantes melodías, y a dejarse llevar por esa evocadora y meláncolica “saudade” que suele envolverle. Unos cautivadores acordes de atemporal bossa, que presagian un fascinante reencuentro con este cantante e intérprete brasileño llamado Toco, un personaje capaz de capturar con suma exquisitez aquella seductora fragilidad que irradiaban las viejas composiciones de Jobim, Joao Gilberto o Bonfá.

Han pasado siete años desde que nos deslumbrara con aquel maravilloso tratado de luminosa bossanova titulado Outro Lugar, y ahora, cuando casi habíamos perdido la esperanza de reencontrarnos con él y de saborear nuevos temas de su elegante bossa, va y nos sorprende con este nostálgico disco titulado Memoria. Un íntimo viaje hacia los recuerdos y vivencias de su infancia, en el interior de Brasil, que nos muestra su lado más personal e introspectivo, con un sonido sensual y sinuoso que fluctúa entre lo misterioso y lo luminoso, lleno de matices y recovecos, en el que las suaves percusiones, los vientos y las cuerdas juegan un papel primordial a la hora de modelar esas sinuosas y exquisitas melodías perfiladas alrededor de la guitarra de Toco, y del peculiar sonido de ese piano Fender Rhodes (o Wurlitzer) que tan magistralmente toca Eduardo Taufic, y que protagoniza gran parte del disco.

En fin, un gratificante y adictivo disco, en cuya vertiente más nostálgica nos encontramos temas de una evocadora y misteriosa melancolía como Cigana, un bello canto espiritual trufado de bossa y de jazz, enriquecido por la cálida voz de Nina Miranda. Una melancolía que también envuelve a estas pequeñas joyas tituladas Vendaval, Versos Perdidos, y O e Tempo Aqui, tres hermosas bossas de percusiones latinas y tensas atmósferas de tinte cinematográfico, brillantemente ejecutadas a través de unos adictivos acordes de piano, viento y chelo, que forman parte de mis temas favoritos del disco. Y todo esto sin olvidarnos de Bate, quizás el tema más íntimo y tierno del disco, en el que las cuerdas juegan un papel estelar.
Es indudable que ese áurea melancólica predomina en el disco, lo que no impide la aparición de soleados claros como las hermosas Minas y Divino, dos delicadas bossas de finos trazos que irradian una sensual y ensoñadora atmósfera, que parece agitarse definitivamente con el toque soul y algo groove de Mané, además de con el contagioso ritmo  jazz-samba que envuelve a Rainha, Sem Par y Meu Rio.

Sin duda, Memoria es  un atractivo conglomerado de bossanova y jazz-samba, con un cuidado y espectacular sonido. Un disco publicado en este 2014 por el carismático sello italiano Schema Records, con la producción de Stefano Tirone, su productor habitual, y con la participación del cuarteto de cuerda String Island Quartet y de un numeroso elenco de músicos brasileños como Eduardo Taufic (piano y Fender Rhodes), Mauro Martins (batería), Edu Hebling (bajo), Marquinho Baboo (percusión), y Ligiana Costa (voces y coros), Nina Miranda (voces y coros) e incluso el grupo de folk brasileño Selton, que aparecen en ese vibrante Breque Bom que dicho sea de paso se escapa de todo lo dicho hasta ahora, ya que más que bossa o jazz samba, es un trepidante tema de pop brasileño.

Toco fue parte importante del renacimiento de la bossa a mediados de la década pasada. Afortunadamente parece que podemos seguir contando con sus discos y su talento para mantener viva la magia de la bossanova

miércoles, 10 de septiembre de 2014

LEE FIELDS & THE EXPRESSIONS - Emma Jean (2014) / Un carnoso ejercicio de soul sureño

En este emotivo y visceral Emma Jean de Lee Fields, publicado por el sello Truth & Soul, sorprenden la densidad emocional que emana de sus surcos, su poderío vocal y el descarnado y afilado sonido que lo envuelve, y que conforman un emotivo y sincero alegato del viejo soul, de aquel soul de alma sureña y profunda espiritualidad, que bullía alrededor de sellos como Stax y Atlantic a finales de los 60, y comienzos de los 70.

Un sonido que podía llegar a ser tan áspero y punzante como tierno y sensual, y al que hoy en día, este viejo trotamundos del soul, llamado Lee Fields, junto a The Expressions, la excelente banda que lo acompaña, han sabido dotar de la frescura e intensidad de antaño. Y no sólo eso, sino que además se animan ha aderezarlo exitosamente, con algunos novedosos ingredientes, como ese delicioso y sinuoso órgano que modela la melodía del adictivo Just Can't Win, un irresistible medio tiempo de indudable atractivo vocal, que se acerca a los parámetros del “modern soul” de comienzos de los 70, con sus cuidados y envolventes arreglos, y que sin duda es uno de mis temas favoritos de este fabulosos disco.

Un disco que a pesar de sus claras raíces sureñas, como decíamos, está lleno de pequeños y variados matices que enriquecen su conjunto. Ahí quedan el irresistible ritmo, de ese cinematográfico instrumental titulado All I Need, que parece extraído de alguna de las Blaxploitation de mediados de los 70. El aroma country que desprende en algunos pasajes esa intensa balada titulada Magnolia. Esos coros de cierta ascendencia gospel que amplifican la emoción contenida que envuelve ese ramalazo de soul-funk trotón que es In the woods, un tema que me trae a la memoria al genial Donny Hathaway. O la elegante sensualidad de Stone Angel, una envolvente balada de sofisticados arreglos y delicados coros, que me recuerda en su cadencia a aquel Starting All Over Again que Mel & Tim lanzaron para Stax en 1972.


Referencias, todas ellas, que se escapan en mayor o menor medida de esa carnosa etiqueta de soul sureño que rodea al disco, y que aparece en temas vibrantes, de vigorosos vientos y afiladas guitarras como esos pegajosos Standing by your side, y Talk to Somebody. O quizás más aún en esas tórridas baladas de emoción desatada y desbordante intensidad que son Eye to Eye y Don't leave me, donde Lee Fields nos muestra todo su poderío vocal, ese palpitante y desgarrado estilo con el que aborda cada sílaba y cada palabra que interpreta, para transmitirnos toda la fuerza espiritual del mejor soul.

Un disco redondo, que puede volver a relanzar la carrera de este viejo corredor de fondo del soul, que se ha mantenido en un segundo plano desde sus comienzos, allá por 1969, cuando le apodaban The Little James Brown, a pesar de haberse pateado medio mundo y haber publicado a lo largo de estos años, un buen puñado de discos en más de 12 compañías. Al final, su alianza con The Expressions y el productor Leon Michels, productor y copropietario del sello de Brooklyn Truth & Soul, parece haber dado sus frutos, afianzando y personalizando un estilo que en los últimos años ha sabido ganarse la admiración y el respeto de los amantes de la música soul con discos como My World (2009), Faithful Man (2012), o este maravilloso Emma Jean (2014), que para mi es sin duda el mejor de los tres, así como el mejor disco de soul, hasta la fecha, de este 2014.

martes, 2 de septiembre de 2014

GRAHAM PARKER - Una pasión renovada

La verdad es que siempre es un placer recuperarle. No falla, tiene el talento innato de los elegidos para explotar en menos de tres minutos el lado más ardiente y visceral del viejo pop- rock, ése que alborota tus sentidos con un electrizante latigazo de emoción. Es pura magia y precisión. Es la perenne reivindicación de la melodía y la pasión en el pop rock más añejo y desgarrado, ése que retoza voluptuosamente y sin complejos con el R&B y el soul. Casi nada, ¿verdad? Pues si, así es y así suena Graham Parker con y sin sus impresionantes Rumours.

Han pasado ya un buen puñado de años desde que nos presentó en 1976 aquellas pequeñas joyas de la new wave que fueron su dos primeros discos, los fantásticos Howlin' Wind y Heat Treatment, y sin embargo ahí sigue, erre que erre, fiel a su estilo y ajeno a las modas, entregándonos discos repletos de emoción.

Vale, quizás tuvo algún altibajo en las décadas de los 80 y 90, sobre todo con discos como Another Grey Area (1982), Human Soul (1989) y Acid Bubblegum (1996). Pero ojo, incluso en ellos se incluyen algunas perlas que no podrían faltar en algún posible recopilatorio de Graham Parker que hiciéramos de esa época. Y maravillas como Temporary Beauty, Can't waste a minute, My love's strong o Sharpening Axes, lo confirman, ¿verdad? Exuberantes pinceladas de este desgarrado alquimista del mejor pop rock, que con el cambio de siglo, y alejado de los grandes sellos discográficos, parece haber encontrado la calma y la madurez necesarias para asentarse de nuevo en la excelencia sonora, moldeando los que quizás sean sus discos más personales desde los gloriosos años de la new wave. Discos poblados de nuevo por esos típicos y descarnados medios tiempos repletos de pasión que siempre le han caracterizado, y que demuestran su especial habilidad para sazonar con maestría el añejo pop-rock, con diversas texturas que provienen de esas múltiples influencias que le acompañan, y que beben del folk, el R&B, el soul y los sonidos jamaicanos.



Sin duda, Your Country (2004), Songs Of No Consequence (2005), Don't tell Columbus (2007), Imaginary Television (2010) y el inesperado Three Chords Good (2013), de nuevo junto a los añorados Rumours, nos han devuelto al mejor Graham Parker, a áquel que era capaz de alborozar nuestras emociones con un simple guitarrazo, una bonita melodía y un desgarrado aullido. Algo que podréis apreciar en esta pequeña muestra que os dejo a continuación. Passion is no ordinary word!

lunes, 7 de abril de 2014

BOBBY WOMACK – The bravest man in the universe (2012) / Un hermoso boceto de soul del siglo XXI

Salió en 2012, y significó un inesperado y sorprendente reencuentro con una de nuestras grandes debilidades del soul, nuestro admirado Bobby Womack. Él, que ya nos había ganado para siempre con aquellos maravillosos discos de soul desgarrado y emotivo, que publicó entre finales de los 60 y mediados de los 70, discos del calibre de My prescription, Understanding, Communication o Lookin' for a love again, de repente y tras un parón de 12 años, se sacó de la manga este desgarrador disco de soul intimista y  ambientes futuristas, que no dudó en titular The bravest man in the universe.

Un sincero arrebato de orgullo, de un tipo que no parece rendirse jamás, que no deja de luchar contra los reveses de una vida intensa y llevada al límite, y que maneja como pocos los parámetros del soul más quebradizo y auténtico. Y sin duda, eso es lo que uno acaba percibiendo tras escuchar esta emocionante colección de canciones: el soul en estado puro, la intensidad y la emoción descarnada de una voz primorosa que ruge y acaricia cada acorde. Porque sí, porque a pesar de ese envolvente manto futurista, de esos sugerentes beats, o de esos chispeantes teclados, que aportan una insólita modernidad a este disco, lo que queda, lo que prevalece por encima de todo, es la supremacía de la poderosa voz de Womack, su enorme capacidad para generar emoción con cada giro vocal, con cada acorde o silencio que arremete, su talento como compositor y su arrollador carisma para abordar unos temas que coquetean con conceptos como el downtempo, y el pop electrónico, aparentemente tan distantes de ese soul primario y elegante que él desarrolló años atrás.



Y es que sólo hay que escuchar el rotundo comienzo del disco, con la intensa The Bravest Man in the universe y la preciosa Please forgive my heart, para darse cuenta de ello, para caer rendido ante el profundo magnetismo de la voz de Womack y la aparente fragilidad de esas desgarradoras y nostálgicas melodías que transitan por esas envolventes atmósferas de teclados, cuerdas y beats de tintes futuristas.

Soul del siglo XXI, que alcanza intensas cotas de emoción en la bella y descarnada Whatever Happened To The Times, una pequeña maravilla en la que Damon Albarn nos deleita con un bello final protagonizado por una misteriosa capa de sugerentes teclados, que parecen provenir de un chispeante clavicordio. Un halo de meláncólico misterio protagonizado por sinuosos teclados, que fluye a lo largo de varios de los temas del disco, y que deslumbra de nuevo en la deliciosa Nothin' Can Save Ya, en la que la profunda y rasgada voz de Womack tiene su contrapunto ideal en la cálida voz de Fatoumata Diawara, cantante de Costa de Marfil, residente en Francia. Una de las colaboraciones que aparecen en este disco, singular y atrayente, que también tiene su pedacito de soul clásico e hiriente, en esa demoledora Deep river, que nos muestra toda la magia del soul más primario y directo, y donde Womack parece rendir pleitesia a grandes maestros del género como Sam Cooke y Otis Reeding.

Un disco tremendamente disfrutable, apadrinado por el inquieto Damon Albarn, producido por Richard Russell para su sello XL Records, y del que sólo eliminaríamos el discotequero Jubilee y quizás la pegajosa y funky Love is Gonna Lift you Up .

jueves, 3 de abril de 2014

WILLIE B. PLANAS – Landscapes & Still-Life (2013) / Un auténtico soplo de rock añejo

Quizás sea esa ascendente intensidad que rodea sus melodías, su emoción contenida, o el añejo aroma a rock rancio y auténtico que desprende esta estupenda colección de canciones. No lo sé, pero lo que si os puedo asegurar es que una vez que lo pruebas, que desgranas con esmero cada una de las notas que componen estos intensos medios tiempos, ya no lo abandonas. Te sumerges una y otra vez en sus otoñales atmósferas, dejándote llevar por el devenir de esas guitarras de aires sureños, por el chispeante susurro de su cálido hammond, o por el blues desgarrado de su armónica. Eso si, no esperes un disco instantáneo, ni de pegajosos estribillos. Porque no, no se trata de eso, sino más bien de envolventes melodías que van conformando un universo muy particular y nostálgico, de paisajes algo decadentes , donde confluyen carreteras hacia ninguna parte, abstractas galerías de arte, playas desiertas, oscuros eclipses de luna, lejanas colinas, truenos ensoñadores, banderas que no volverán a ondear y estaciones que inevitablemente llegan a su fin, sin darnos tregua para recuperar aquello que tanto deseamos. Paisajes y naturaleza muerta, saturados de rock emotivo y descarnado salpicado por la intensidad del blues y del soul.

Si, así creo que podríamos definir este Landscapes & Stil-Life de Willie B. Planas. Un disco que nos acerca a sonoridades ya conocidas, y previamente degustadas junto a ilustres como Dylan, los Stones, o el mismísimo Graham Parker, pero que convence de principio a fin por el magnetismo de sus canciones, y la contundencia y frescura con la que están interpretadas. Algo que descubrirás cuando empieces a escuchar temas como Castaway o Running naked, dos medios tiempos en los que guitarra y hammond delinean unas evocadoras y hermosas melodías, y que junto a la melancólica Diamond eyes y las chispeantes y algo más rítmicas Living longer, moving faster y Modern art son mis temas favoritos del disco



Un logro en el haber de este guitarrista y armonicista, ex miembro de The Pauls, que se hace llamar Willie B. Planas, cantante y autor de los temas del disco, y cómo no, de ese excelente conjunto que le acompaña, formado por Mario Mietta (piano y hammond B3), Paul Zinnard (bajo) y Miquel Ferrer (batería). Un conjunto del que sin duda destacaría el cálido y chispeante hammond B3 de Mauro Mietta, que a mi modo de ver da el toque diferencial a este disco, sabiamente producido y grabado en directo en el estudio, por Paul Zinnard.

Otro emocionante disco producido por ese exquisito sello llamado Two Mad Records, que presume de seleccionar cada nota y cada frase que les mueve el ánimo, grabarla, empaquetarla, y ponerla al alcance del público. Sin duda, discos como éste dan fe de su buen hacer.