miércoles, 12 de septiembre de 2012

MICHAEL KIWANUKA – Home Again (2012)

La verdad es que uno siente una debilidad muy especial por este tipo de lamentos sonoros recubiertos por la emotividad del soul más clásico y depurado, y no deja de sorprenderse gratamente cuando estos sonidos tan añejos afloran en pleno siglo XXI con el éxito y la repercusión mediática que ha tenido, al menos en Inglaterra, este fantástico disco de Michael Kiwanuka, titulado Home Again.

 Un melancólico y elegante ejercicio de soul clasicote de tintes sureños, algo pausado y sin estridencias, que revolotea con sumo acierto alrededor del jazz, el folk y el blues más taciturnos, con una intensidad tal que denota ese plus de autenticidad tan necesario y vital a la hora reutilizar estos viejos cánones sonoros.



Sólo hay que escuchar las canciones que brotan de la guitarra y la profunda voz de Michael para darse cuenta de que en Home Again, este joven compositor e intérprete británico de origen ugandés, ha sabido recuperar aquella tensión emotiva que caracterizaba los viejos discos de soul. Canciones que aunque giran principalmente alrededor de su guitarra y su voz, no prescinden ni de los cuidados arreglos de cuerda y viento, ni del magnetismo de unos envolventes teclados que aparecen en muchos de los temas del disco.


Unos temas llenos de matices y recovecos sonoros, que uno va descubriendo y disfrutando placenteramente con cada escucha, y que destapan sin rubor ese cúmulo de influencias que parecen haberles dado forma. Así, vemos cómo esas dos maravillas de cálido soul y tonos jazzys tituladas Tell me a Tale y I'll Get Along, en las que la  voz y los vientos rivalizan en protagonismo, podrían proceder de alguna sesión perdida del fantástico Moondance de Van Morrison, o cómo esos nostálgicos y desnudos medios tiempos de bellos arreglos de cuerda titulados I'm getting ready, Rest, Home Again y Bones siguen los cánones con los que Bill Withers nos deslumbró con su fantástico Just as I Am a comienzos de los 70, o cómo la dulce melancolía de Always Waiting y Any Day Will do Fine podrían provenir de algún recopilartorio olvidado de aquel fantástico soulman de aires sureños llamado Arthur Alexander, o incluso podríamos adivinar su admiración por el gran Otis Redding al escuchar esa balada desgarrada titulada They Say I'm Doing Just Fine.

 Influencias todas ellas que alumbran un gran disco de soul, con los matices antes mencionados, y con la intensidad y emoción necesarias para remover emociones. Un disco embriagador aunque en algunos momentos pueda parecer demasiado lineal y homogéneo, y al que posiblemente le falte ese tema rompedor y definitivo que le sitúe definitivamente en lo más alto de las listas británicas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada