domingo, 1 de enero de 2012

BLOW UP A-GO-GO! Dancefloor classics from the legendary blow up club

Publicado el  8/07/2006 en Sensaciones Sonoras en La Coctelera
Déjalo todo y prepárate para una radiante y agotadora sesión de soul, mod jazz, beat, y R&B, que te transportará como si de una máquina del tiempo se tratara a otra excitante dimensión, donde resplandecen con el desparpajo y la frivolidad más vitalista, minifaldas estremecedoras, flequillos al vuelo, “chelsea boots”, paramecios desmadrados y luces multicolores, sumergidos en una trepidante atmósfera sonora que brota de una forma espectacular de los surcos de esta fantástica recopilación denominada Blow Up a go go (dancefloor classics from the legendary blow up club), editada en pleno 1999 por el sello Blow Up Records Adoro este disco, su desarrollo, su ritmo, su vitalidad, su frescura, su increíble y acertada mezcla de sonidos que impiden que la monotonía pueda apoderarse de él. Es un apasionante recorrido, por muchos de los sonidos y estilos que nos dejó la asombrosa y fascinante década de los 60, que encima nos descubre oscuras pero maravillosas gemas musicales que habrían merecido un reconocimiento mucho mayor del que tuvieron. Y si no, ¿como se explica que The Quik, autores de ese impresionante y festivo instrumental que abre el disco, titulado Bert’s Apple Crumble (1967), pleno de energía ritmo y pasión, con un bajo arrollador, un hammond explosivo y un persuasivo saxo, sólo grabaran tres singles para Deram? No lo sé, pero olvidémonos de ello y sigamos disfrutando de la música que desprende este vibrante disco.



Un disco que nos ofrece más hammond desmadrado en pegadizos e irresistibles insrumentales, como ese clásico de las librerias musicales de los 60 que es Blow Up A – Go – Go de James Clark (originalmente Wild Elephants) o ese otro trallazo sonoro de Soul Hooligan que es Sweet Pea, hecho en los 90 pero con indudable sabor a 60, repleto de hammond y con una agresiva guitarra fuzz envuelta en un ritmo embriagador que nos obliga a no parar de bailar. Invitación al baile que continúa y se funde perfectamente con sonidos más souleros como esa brillante y remozada versión soul que hacen The Coasters del clásico de los 50 Love Potion Nº 9, o con ese desgarrado Wattss Breakaway, de Johnny Otis Show, con el mejor sonido del soul clásico vía Atlantic, o vía Stax con el arrollador y explosivo 25 Miles de Edwin Starr, con lujosos vientos y un poderío vocal espeluznante, y cómo no, también vía Motown con ese pegadizo Soul Time a cargo de Shirley Ellis.

Un disco donde también hay cabida para algunos de los grandes clásicos de los 60 como The Kinks con su She’s got everything, todo un clásico oculto en la cara B del single Days del 68 y que recuperaba toda la fuerza de sus primeros años, o The Spencer Davies Group cuando casi eran Traffic con su espectacular I’m a Man, lleno de alma y vitalidad soul, con un hammond increíble.
Un disco que es como un perfecto cóctel, elaborado con una gran exquisitez, con ingredientes de alta calidad, donde no podía faltar un efectivo sabor latino que le da si cabe una mayor frescura, de la mano de Andy Williams y su irresistible boogaloo con toques de mambo, House of Bamboo, que combinado con algo de sonoridades cercanas al mod jazz le dotan de un irresistible magnetismo, como ocurre al escuchar a Georgie Fame con su Somebody Stole my thunder o a Buddy Rich con su The Beat Goess On.

Insisto, estáis ante una perfecta y excitante sesión de variados y multicolores sonidos que te enloquecerá si te gusta la música de los 60, y donde podrás encontrar esa pegadiza y excitante melodía que es el Psychedelic Sally de Eddie Jefferson.
Por cierto, el disco intenta reproducir una sesión de los temas más bailados en uno de esos clubs por los que merece la pena pasarse, el Blow Up Club, de Londres, uno de los reductos que quedan para escuchar buena música de los 60.

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