lunes, 14 de noviembre de 2011

THE STANDELLS - La descarada arrogancia del garage de los 60

Publicado el  29/03/2006 en Sensaciones Sonoras en La Coctelera
La música de garage fue una de las manifestaciones musicales más excitantes que dio la década de los 60. Visceral, espontánea, fresca, y arrogante, respondía con total precisión al estado de excitación y rebeldía de una juventud necesitada de devorar y vivir intensamente cada nuevo momento experimentado, al ritmo de unos fieros acordes de guitarra, tocados con una simpleza e improvisación explosivas, y acompañados de unas melodías tremendamente contagiosas, capaces de revolucionar todos y cada uno de los poros de tu cuerpo. Más o menos eso es lo que a mi transmite la música de garage, también conocida como 60’s punk, un terremoto sonoro que sacude todos y cada uno de tus instintos más primarios, y The Standells, la banda norteamericana que hoy traemos a este espacio, es una de mis bandas favoritas de aquel momento, aunque quizás su sonido sea más pulcros y menos sucio que el típico sonido garage de contemporáneos suyos como The Sonics, Seeds o The Chocalate Watch Band. Si The Standells (Larry Tamblyn, Tony Valentino, Gary Lane y Gary Leeds) se encuentran dentro del selecto cajón de los clásicos de los 60, no es por haber realizado LP’s memorables de reseñas obligadas en todas las enciclopedias que se precien, si no por ser capaces de fabricar algunas de las canciones más excitantes de ese alboroto sonoro de serie b que fue la música de garage. Canciones que en poco más de dos minutos nos transmiten toda la urgencia de esa rebeldía juvenil, a base de pegajosas melodías repletas de impetuosos rifs de guitarras afiladas, ritmos machacones envueltos en abrasantes órganos y una forma de cantar imperativa y arrogante cercana al Jagger más descarado. Y por ahí van los tiros, ya que posiblemente algunas de esas canciones deban su inspiración a aquellos malencarados Stones.
Aunque la trayectoria musical de los Standells comenzó en Los Ángeles allá por 1962, su período álgido de producción musical se produjo entre el 65 y el 67, justo cuando se encontraron con un personaje tremendamente relevante para ellos, Ed Cobb, productor y creador de sus principales hits, que además fue quién endureció su sonido y cambió su imagen, dándoles un aspecto más agresivo.Con Ed Cobb grabaron 4 discos en dos años, y de entre esos discos salieron píldorazos tan recomendables como los siguientes:
- Dirty Water (Cobb,1965): clásico indiscutible del sonido garage. Grabada a finales del 65 como single, a pesar de lo que poco que les gustaba a sus intérpretes, llegó sorpresivamente en Julio del 66 al puesto número 11 de la listas de singles americanas. Inolvidable ese impetuoso rif de guitarra que arranca la canción y que luego persiste tozudamente durante todo el tema, con apariciones puntuales de una incisiva armónica y una desgarrada interpretación vocal.



- Sometimes Good Guys Don’t Wear White (Cobb, 1966): arrogante y descarada declaración de intenciones: “el que sea pobre no quiere decir que no sea bueno para ti nena”. Ritmo y melodía tremendamente pegajosa, marcados por un trepidante y constante dúo de bajo y batería que va y viene, apoyado en un punzante órgano que sirve de apoyo perfecto a una casi enfurecida declaración. Como curiosidad, recuerdo la excelente versión que Los Cafres se marcaron en los 80 de este tema, titulándola “Algún día caeré”.
- Mr Nobody (Tamblyn, 1966): intenso arrebato de puro garage, repleto de guitarras saturadas de un órgano abrasador. El sonido que muchos grupos de garage de los 80 reprodujeron con fidelidad
- Try It (Levine/Bellack, 1967): mi canción favorita junto con Sometimes Good.... Urgente, intensa, lujuriosa, descarada. La perfecta simbiosis entre poderosas guitarras, un ácido órgano y una interpretación chulesca y arrogante. Estuvo prohibida en las radios por insinuar actitudes lujuriosas y provocativas en su letra.



- Rari (Cobb, 1966): otra de mis favoritas. Una de las melodías más conseguidas, que arranca poco a poco, para desmadrarse en un exuberante final, donde sube el volumen y todos los instrumentos se desparraman. Fue la cara B de Dirty Water. ¡Menudo single!
- Why Pick on me (Cobb, 1966): una saltarina melodía, quizás la más stoniana de todas sus canciones, con un sonido muy cercano al de los Stones de Last Time y Aftermath.
- Barracuda (Cobb, 1967): otra píldora que podría definir el sonido garage. Punzante, urgente, descarada. En la línea de Dirty Water, podría considerarse una secuela de la primera, pero una secuela tremendamente acertada e intensa.
- Riot on Sunset Street (Valentino/Fleck, 1967): vibrante y acelerada expresión de rebeldía juvenil, que daba título a ese inocente (hoy) film sobre los incomprendidos jóvenes americanos. Lo mejor de esta película eran sin duda la música (Standells, Chocolate Watch Band) y las pintas psicodélico-garageras de sus protagonistas.
- Can’t Help but Love You (Dodd/Feck, 1967): toda una sorpresa en clave soul. Poderío y descaro vocal, vientos sudorosos, ritmos abrasantes y hasta devaneos psicodélicos. ¿Son los Standells? Si, y suena tremendamente bien, aunque sea denostada por algunos acérrimos seguidores de los Standells.
- Animal Girl ( Moore, 1968): otra sorpresa final. Una delicada y preciosa canción con nostálgicos vientos y entrañables teclados, de trasfondo psicodélico muy melódico.
Diez jugosos temas, a los que podríamos añadir otro tantos como Medication, Have You Ever Spent the Night in Jail, Mainline, o All Fall Down, con los que poder redondear una salvaje y agotadora sesión garagera, para reivindicar los flequillos, las camisas de rayas y lunares, los pantalones de cuadros y la urgencia por disfrutar el momento.

Nota: Todos los temas citados se incluyen en el recopilatorio de los Standells editado por Rhino en su serie Golden Archives y titulado The Best of Standells.



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