miércoles, 19 de octubre de 2011

THE McCOYS - Efervescencia pop en mitad de los 60

Publicado el  01/12/2005 en Sensaciones Sonoras en La Coctelera


The McCoys fue uno de esos grupos americanos que surgieron a mediados de los 60, como reacción natural a la invasión británica, y que entre el 65 y 66 nos dejaron un buen puñado de efervescentes e inolvidables píldoras pop, de alto contenido melódico, quizás con exceso de azúcar en algunas ocasiones, pero de gran poder adictivo y fácil asimilación. The McCoys supieron impregnar a sus canciones esa vitalidad, frescura y energía positiva que se respiraba en la primera mitad de los 60, creando la perfecta banda sonora de cualquier guateque que se precie. Canciones de estribillos pegajosos y ritmos adherentes que deambulan entre el garage-beat más edulcorado y la música chicle más efectiva, todo ello salpicado de profundas influencias souleras, con una exquisita interepretación vocal.
En las sesudas enciclopedias musicales, quedarán como una banda más del pelotón de acompañantes de los grandes nombres de los 60, con mención especial para su fantástica versión del Hang On Sloopy que llegó en el 65 a lo más alto de la listas, tanto en Inglaterra como en USA, pero os aseguro que darse regularmente un atracón de calorías musicales a base de sus más memorables canciones, es una inyección de vitalidad imprescindible en los tiempos que corren.

Así en ese guateque imaginario que os propongo, podríamos comenzar a bailar con los ritmos cadenciosos de Hang On Sloopy, y Fever (una de mis versiones favoritas de este clásico, y mira que hay), desmadrarnos con el aroma soul de las desbordantes You Make Me Feel So Good, Up & Down, Dynamate, Runaway y Stubborn Kind Of Fellow (perfecta versión del tema de Marvin Gaye), bajar el ritmo y prepararnos para el final con el beat melodioso de Sorow e If You Tell I Lie (esta última al estilo de los Heman's Hermits) y al final ponernos tiernos con la deliciosa Stormy Monday Blues que parece trasladarnos a la melancólica atmósfera de ese café a punto de cerrar, lleno de humo y casi vacío, en el que el protagonista ahoga sus penas con un whiskey en la mano. Una velada estupenda que pienso repetir.

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